201011.14
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RESUMEN:

Se analiza la evolución y relevancia que ha cobrado la propiedad intelectual como valor intangible para el desarrollo y crecimiento económico frente a los bienes tangibles. Se motiva a definir, valorar y reconocer la importancia de los intangibles.

PALABRAS CLAVES:

Valor, activo, intangible, bienes, empresa, marca, patente, propiedad intelectual.


L

a revista Fortune 500 señaló que en el año 1975 el 10% del valor del mercado de las empresas descansaba sobre la base de sus activos intangibles. Este porcentaje, para el año 1985, aumentó a un 20%; para el año 1995, llegó a un 60% y para el año 2005, el 80% del valor del mercado de las empresas estuvo cimentado en sus activos intangibles1. Cada vez cobra más fuerza la tendencia de reconocer el valor de la propiedad intelectual en las compañías, lo que ha provocado que el valor de los activos físicos en libros constituya a la fecha de hoy, para múltiples empresas, un 20%, o menos, del valor del mercado en una negociación empresarial.

Según la Norma Internacional de Contabilidad 38 (NIC 38),un activo es un recurso controlado por la empresa como resultado de sucesos pasados y del que la empresa espera obtener, en el futuro, beneficios económicos3. Asimismo, la referida norma define el activo intangible como aquel activo identificable, de carácter no monetario y sin apariencia física. Resulta de carácter no monetario en tanto no posee un valor fácilmente identificable.

Los derechos de propiedad intelectual se enmarcan dentro de lo que son los activos intangibles de la empresa. Entre estos, incluimos las marcas, diseños, secretos comerciales, denominaciones de origen, patentes, programas de computadora, know how, los derechos respecto de las obras artísticas y literarias, entre otros.

Se reconoce en el capital intelectual el activo más importante que poseen las empresas famosas del mundo, el cual constituye hoy por hoy el blanco perfecto en fusiones y adquisiciones. La riqueza de empresas como Sony, Pfizer, Xerox y Ford se atribuye de manera casi exclusiva a sus marcas, patentes y conocimientos técnicos. De ahí que una encuesta realizada en el 2002 por la revista Fortune 500 concluyera que entre un 45 y 75% de la riqueza de esas entidades provenía de los beneficios derivados de sus activos intangibles.

Debemos crear conciencia sobre la importancia y valor que acompañan los activos intangibles como factor para el crecimiento, los cuales en ocasiones son subestimados por las propias entidades que los poseen. Definir, valorar y reconocer el capital intelectual, así como establecer estrategias que permitan su protec- ción en ocasiones marca la gran diferencia entre empresas que han alcanzado un sitial de preferencia, y otras que no.

Para determinar el valor de las marcas ya existen métodos con base en el cálculo aproximado de los beneficios económicos
pasados y futuros. A estos efectos se toma en consideración la capitalización de las ganancias históricas, los métodos
diferenciales de beneficios brutos, los métodos de beneficios extraordinarios y los métodos fundados en el cálculo de ahorro
de regalías5. Naturalmente, la aplicación de métodos para determinar el valor del activo intangible resulta todo un desafío
para quienes intentan reflejarlos en estados financieros, en los que normalmente se favorece la inclusión solo de bienes físicos
y en los que la propiedad intelectual aún corresponde a un segundo plano.

Todo lo anterior ha dado lugar a que el Consejo para los Estándares de la Contaduría Financiera (Financial Accountant Standard Board), mejor conocido como FASB, motive a la revisión del tratamiento que recibe la propiedad intelectual en los
informes financieros, pues su inclusión en los mismos rompe paradigmas contables en los que se tiende a registrar un precio exacto, precisamente por las características que acompañan a los activos intangibles.

Antes de la existencia de las normas del referido Consejo se acuñó en los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados
de los Estados Unidos el término goodwill para referirse a los activos vinculados a la propiedad intelectual. En los Estados
Unidos las empresas tienen que revisar anualmente la propiedad intelectual adquirida. Asimismo, deben realizar pruebas de
pérdida de valor. Se debate la posibilidad de armonizar la Norma Internacional de Contabilidad No. 38 en lo que concierne
a activos intangibles con los principios establecidos por el Consejo para los Estándares de la Contaduría Financiera, dado que
la NIC 38 exige la amortización de esos activos por períodos de 20 años. En ese mismo orden los Estados Unidos cuenta con
incentivos para la presentación de valoración de marcas en estados financieros.

Por otro lado, la inclusión de activos intangibles en los estados financieros presenta otros retos. Tal y como se desprende de la definición de activo intangible ofrecida al principio de este artículo, la NIC 38 plantea la identificación y control de los activos intangibles de la empresa como consecuencia de actuaciones pasadas y la generación futura de beneficios económicos. Es claro que una buena parte de la propiedad intelectual de una empresa no necesariamente satisface las condiciones contempladas en esta definición.

Resulta difícil describir con exactitud el valor que acompaña la propiedad intelectual y todo lo que ello involucra. La noción de valor razonable y tratamiento referencial, muy utilizados en términos de contabilidad, no refleja el verdadero valor de la propiedad intelectual. En asuntos de propiedad industrial no hay una regla que permita determinar su verdadero valor. Un automóvil, una propiedad o un artículo en particular pueden ser fáciles de intercambiar. Sin embargo, mientras un medicamento patentado tiene un valor muy significativo para una empresa en el renglón farmacéutico, ese mismo medicamento posee un valor minúsculo para un fabricante de pantallas que permiten aprovechar mejor la luz externa.

Algunos datos resultan reveladores en lo que respecta al valor que revisten los intangibles, y los cuales nos permiten ilustrar mejor lo anteriormente expuesto. En el caso particular de las marcas, tenemos que para el año 2008 la marca Coca-Cola estuvo valorada en US$66,667 millones. Asimismo, la marca IBM estuvo valorada en US$59,031 millones. En este mismo sentido vale destacar que la marca Microsoft fue valorada en US$59,007 millones y así siguen otras marcas como Nokia, Toyota, Intel, McDonald, Disney, Google, que han alcanzado grandes cotizaciones.

En otro orden, en el ámbito de las patentes, es menester reconocer la importancia que de por sí revisten las patentes, en particular las desarrolladas por el sector farmacéutico y de telecomunicaciones, que cada vez más permiten negociar licencias y regalías partiendo de tecnología protegida y de fácil acceso. Muchos son los factores que inciden en la valoración de las patentes. Por ejemplo, se analizan, entre otros factores, la importancia, el mercado, la validez de la patente y el estado de la técnica, considerando particularmente la existencia de otras en el mismo ámbito de la patente que sea valorada. Un solo ejemplo nos permite ilustrar este punto y es el caso del microprocesador Intel, cuyo valor en el mercado se cifra en miles de millones de dólares.

Un estudio efectuado con empresas estadounidenses puso de manifiesto que el 76% de las 226 empresas evaluadas entre las 500 de la lista Fortune no asignaban un valor a sus activos intangibles en sus informes anuales, lo que permite colegir que entre las pequeñas y medianas empresas el panorama es aún peor.

Por otro lado, aunque cada vez más la tendencia se inclina por reconocer la fuerza que cobran los activos intangibles y su relevancia para las empresas, en Latinoamérica el valor de los bienes físicos sigue siendo más apreciado que el valor de los bienes intangibles. Las normas de innovación por medio de marcas, patentes, diseños entre otros, constituyen la fuente de riqueza en estos tiempos, y sin embargo resultan insuficientemente valoradas.

El éxito de las economías avanzadas cada vez se vuelve más dependiente de la capacidad de movilizar el poder intelectual de sus ciudadanos y no necesariamente de sus bienes tangibles. En este orden, resulta esencial que cada empresa ponga en prioridad no solo la protección de sus derechos de propiedad intelectual, sino también su valoración. Esta protección, lejos de ser un gasto, constituye una inversión. La capacidad de otorgar licencias, lograr la exclusividad para la explotación de una marca, lanzar nuevos productos al mercado y celebrar acuerdos en el ámbito de la propiedad intelectual depende de la protección y valoración adecuada de estos activos intangibles.

En otro ámbito, debemos señalar que la existencia de un régimen adecuado de protección va de la mano con el desarrollo de activos intangibles de valor que pongan en funcionamiento el motor económico de cada nación. Así lo revela el historial de países en los que el criterio de protección y respeto a los derechos de propiedad industrial ha provocado el incremento en las inversiones. Tenemos por ejemplo el caso de Italia, en el ámbito de las patentes, en el que la Corte Suprema Italiana declaró inconstitucional la prohibición a patentar medicamentos, a partir de lo cual fue posible obtener patentes para los productos farmacéuticos italianos. Solo 10 años después de la decisión del máximo tribunal italiano, siete empresas italianas figuraban entre las 100 principales del mundo.

En este mismo orden, podemos citar países como México, Brasil y Canadá, en donde la protección a las patentes ha permitido una mayor generación de riquezas a través de inversiones que han alcanzado niveles que sobrepasan las expectativas. Si bien los activos tangibles han tenido y poseen un valor de importancia, valorar e incluir además los activos de propiedad intelectual en las cifras de la empresa les permite ocupar el lugar que su desarrollo evolutivo en el mercado ha ido cobrando. En adición, la simple identificación y valoración permite ponderar la concesión de licencias, entre otros de los tantos beneficios que provienen de la propiedad intelectual.

El comportamiento y evolución de la propiedad intelectual desde su surgimiento hasta la fecha amerita que reconozcamos su relevancia e importancia como superior frente al capital que proviene de los activos puramente tangibles. De ahí la importancia de su protección por los medios que sean necesarios. En lo que respecta a la protección adecuada con la que deben contar los bienes intangibles, debemos destacar que en el caso particular de la República Dominicana, no solo contamos con la ley 20-00 sobre Propiedad Industrial que nos permite la protección local de esos derechos, sino que además nuestro país es signatario de una serie de acuerdos internacionales
que refuerzan tal protección. Entre ellos destacamos el Acuerdo Internacional sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad
Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), vigente bajo el ámbito de la Organización Mundial de Comercio (OMC); la Convención de París para la Protección de la Propiedad Industrial, la Convención General Interamericana de Protección Marcaria y Comercial, mejor conocida como Convención de Washington, y el Acuerdo de Libre Comercio entre Centroamérica y la República Dominicana (DR-CAFTA).

BIBLIOGRAFÍA
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Artículo Publicado originalmente en GACETA JUDICIAL AÑO 14, NO. 288, NOVIEMBRE 2010

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